Por: Stephanie Boyd
Periodista canadiense autora del documental "Tambogrande"
Periodista canadiense autora del documental "Tambogrande"
Una asombrosa y exitosa campaña de resistencia no violenta ha transformado la lucha de Tambogrande en un modelo de inspiración para comunidades en todo el mundo que enfrentan amenazas semejantes.
Al comienzo, la búsqueda de Tambogrande parecía no tener esperanza: un pequeño pueblo de productores de frutas en la aislada costa norte del Perú haciendo frente a una empresa minera extranjera con muchos más recursos. Y como para desalentar más, la empresa -Manhattan Minerals de Canadá- fue respaldada por la poderosa industria minera del Perú y altos políticos. Manhattan incluso tuvo un decreto presidencial especial que autorizaba el proyecto minero.
Pero los ciudadanos de Tambogrande nunca dudaron del resultado. Ellos sabían que su causa era justa y ganarían. Su creencia se basaba en un simple hecho que la empresa y los políticos no supieron captar: la abrumadora mayoría de la gente de Tambogrande no quería la mina. Para ser exactos, 98.6% estuvo contra la mina cuando acudió a la prueba democrática. Y cuando toda una comunidad se une, se alza firme y resuelta y simplemente dice “no”, nada a no ser la fuerza militar bruta puede sacarla para abrirle paso a una mina.
Seguimos la historia de Tambogrande por más de 4 años, filmando eventos y observando cómo la oposición del pueblo iba madurando de la ira frustrada y la violencia a una resistencia controlada y pacífica pero inquebrantable. Pero no fue sino hasta noviembre del 2003, cerca del final de nuestra filmación, que me di cuenta de que el pueblo ya había triunfado. Era la última manifestación de una huelga de tres días contra las audiencias públicas sobre la mina y más de 10,000 personas se habían aglomerado en la plaza principal del pueblo, marchando y vitoreando al unísono. Manhattan aún no había perdido su concesión en Tambogrande, pero la muchedumbre ya clamaba victoria. El mar de cuerpos humanos formó un escudo impenetrable. Un espíritu de celebración impregnó el evento, y cuando al atardecer el sol comenzó a ponerse, la manifestación terminó convertida en danza y música jubilosa.
Las festividades eran bien merecidas. Los ciudadanos de Tambogrande pusieron todo en su campaña contra la mina, yendo mucho más allá de lo que es usual en las protestas cotidianas en el Perú. Las marchas se convirtieron en eventos culturales que celebraban la agricultura tanto como rechazaban la minería. En vez de enfurecerse y blandir palos, los orgullosos agricultores portaban, puños en alto, mangos, limones, sandías, calabazas y otros productos. Los grupos musicales locales escribieron e interpretaron emotivas canciones al estilo de baladas y valses tradicionales. Los jóvenes diseñaron afiches, páginas web y alertas por internet, ganando seguidores en la capital y en el mundo. Los danzantes se disfrazaron de limones y recorrieron las calles, y los políticos del pueblo realizaron el primer referendo sobre minería en el mundo.
Al timón, los líderes de Tambogrande mostraron visión; se prepararon en torno a los aspectos científicos y legales del caso y trabajaron sin descanso, sacrificando su tiempo, energía e incluso su seguridad personal. Sus esfuerzos produjeron frutos; pero también rencor. Godofredo García Baca, el carismático autor intelectual de las campañas de Tambogrande, fue asesinado en circunstancias aún no resueltas. Su imagen se ha convertido en símbolo de perseverancia y fortaleza, y su memoria es invocada en cada marcha, manifestación o evento.Este folleto, diseñado para acompañar el documental, está dedicado a Godofredo y su familia, amigos y seguidores quienes continúan la lucha.
Setiembre 2004
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